Cuando pase el temblor: Ruinas, memoria y la grieta del alma.
Aquellas campanas desconocidas comenzaron a sonar avisando que algo estaba por pasar, y uno sin imaginar lo que ocurriría en solo segundos. Lo que en un principio parecía un leve movimiento del que solo había que tomar las mínimas precauciones, se volvió fuerte, retumbando en cuerpo y mente, moverte de un lado a otro, solo dio chance de voltear y ver por la ventana que todo lo que está afuera se movía de la misma manera, que en cualquier momento todo caería.
Luego de aquellas campanas el ruido siguiente fue el de los objetos golpeando con las paredes, el grito de tus hijos preocupados con lo que hasta ese momento era desconocido. Reunir a la familia en el mismo lugar, y sin miedo ir por la puerta principal, esa que no abría por más que se empujaba. La supervivencia se volvió más fuerte que el suelo sacudiéndose. El sismo que arremetía en esos largos segundos, parecían viajar hacia la lejanía.
No hubo tiempo para el pánico, mucho menos espacio para sentirse seguro, solo bajar pronto mientras ves las grietas avanzar, las paredes dicen que quizás no aguanten mucho más. Salir de ese lugar se volvió una necesidad, evitar esperar, sin saber realmente todo lo que estaría pasando más allá de tu realidad. Las voces y gritos de vecinos, rostros de tensión, el olor a pánico se podía respirar alrededor, y en el aire la tierra cubrió el cielo por unos instantes.
La tierra se movió con fuerza, para ese momento costaba comunicarse con familiares y amigos, la necesidad de escuchar sus voces, saber que no pasó del gran susto. Conseguir información era difícil, la confusión reinaba en las redes. Con el pasar de las horas se comprendió que aquello duró un minuto cuarenta y seis segundos, dos sismos se unieron en uno, el primero de 7,2 que salió de tierras yaracuyanas, para chocar con el poderoso 7,5 que rugió desde la costa frente a Catia La Mar, haciendo que La Guaira viviera otra pesadilla, y Caracas recordará que dos placas están debajo de Venezuela, y una gran falla, que cada cierto tiempo se moverá para liberar la energía necesaria.
Al subir a casa, minutos después del gran movimiento, para buscar algunos objetos necesarios para tomar medidas en caso de replicas cercanas con la misma intensidad, fue el momento propicio para ver las grietas que se dibujaron en las paredes de cuartos, sala, y pasillos del espacio común, esos arañazos que con el pasar de los días parecen estar más marcados, la presencia de esas aberturas se va profundizando, ya no solo son físicas, también son internas.
El miedo tardó para decir presente, la tristeza arropó, la angustia estuvo presente en todo momento, el futuro se movió. El mañana fue sacado del cuadro, con la esperanza bajo los escombros de aquellas edificaciones que no aguantaron el sacudón, llevándose con ellas tantas vidas que no tuvieron tiempo de salir, para enterarse de que la tierra se abrió bajo sus pies, liberando tanta energía que su fuerza provocó un nuevo terremoto, grabando miles de grietas de dolor.
Despiértame, cuando pase el temblor.
En un lugar mucho más al sur de Venezuela, alguien cercano que decidió migrar a tierras gauchas algunos años atrás, le ocurrió algo anecdótico aquel 24 de junio. Durante dos momentos de aquel día, al iniciar el Spotify, de manera aleatoria sonó la misma canción: Cuando pase el temblor de Soda Stereo. Después de pasadas las 18 horas de Caracas, y enterarse de lo ocurrido se preguntó, ¿Eso fue un aviso? ¿Un juego del destino?
Si esa canción hubiese sonado una vez esa tarde, quizás no pasaría de una casualidad, pero es que sonó dos veces, como si la letra de ese himno de la banda argentina hubiese querido decir algo. Eso ocurrió ese día a más de 4 mil kilómetros de distancia de Caracas. Resulta que también fue la primera canción que sonó en mi cabeza después de un par de horas ocurrido el doblete sísmico, cuando me logré sentar y pensar en lo ocurrido, aquella pieza musical se volvió como una especie de extenso mantra para la calma.
¿De qué se trata esta canción de Soda Stereo?
Este gran tema fue escrito por Gustavo Cerati, grabada por Soda Stereo, y publicada como sencillo el 14 de noviembre de 1985. Forma parte del álbum “Nada Personal”, que fue lanzado 7 días después, contando con otros temas como “Juego de Seducción”, “Ecos”, “Danza Rota” y la que da nombre al segundo álbum de estudio esta histórica banda.
Como la mayoría de los temas escritos por Cerati, va usando distintos elementos como si jugara a las escondidas, es como estar detrás de un vidrio empañado, o quizás de una persiana americana en que el significado de las letras va cambiando según del lugar donde las mires. En el caso de “Cuando pase el temblor” tiene un tono oscuro, melancólico, cargado de angustia, tiene esa etiqueta muy de los 80’s, como se podía encontrar en canciones de bandas como The Cure.
Escuchar esa frase con la que comienza la canción, “yo, caminaré entre las piedras, hasta sentir el temblor, en mis piernas”, Cerati sugiere tantas cosas, puede ser ese cansancio que se siente en las piernas luego de mucho caminar, más si es en subidas y bajadas. También puede ser por miedo, la necesidad de escapar de ese algo que lo aterra.
Pero aquí viene el choque de dos emociones, “a veces tengo temor, lo sé, a veces vergüenza”. Aquello que lo hizo escapar se mueve entre miedo y pena, todo es producto de las consecuencias que lo llevo a huir de las ruinas.
Hasta ahora todo parece indicar que el camino de piedras y el cráter desierto es interno, es un dolor, una gran soledad, se fue sin que lo despidieran, nadie está para recibirlo de vuelta. El temblor se espera en todo el cuerpo, dejando claro que es muy grande el sufrimiento. “Nadie me vio partir, lo sé, nadie me espera”.
“Sé que te encontraré en esas ruinas, ya no tendremos que hablar del temblor”, y es que hasta aquí todo parece indicar que la razón que lo llevó a escapar también lo hará regresar, y ahí estará lo que dejó destruido, y no existirá razón para conversar por aquello que le produce el miedo y/o vergüenza. Sin embargo, hay una frase que podría darle otro matiz a la canción, una donde se va dibujando la silueta de la sensualidad cuando Cerati expresa “te besaré en el templo, lo sé; será un buen momento”.
Pero ahora llega el punto más alto de esta canción, la que en lo personal me golpea y concentra todos los sentimientos generados a partir del doble terremoto vivido esa tarde del 24 de junio: “Hay una grieta en mi corazón, un planeta con desilusión”. Esto describe lo que justo ahora llevo por dentro, cada pared dañada, cada edificio afectado; el rostro de quien perdió familia y/o amigos, esas miradas de seres que respiran, pero reflejan que le arrancaron la vida. La esperanza se desmoronó luego del gran sacudón, los escombros no son el rompecabezas del mañana, es el golpe que arrasó con lo soñado hasta ayer.
La tierra se detuvo, las ruinas están por todos lados, las replicas siguen asustando, recordando que el terremoto no ha terminado, ya que la grieta del alma necesita más que la inspección del ingeniero que conoce de daños; o del buen albañil que frisa las paredes abiertas; se necesita despertar cuando se sepa que el temblor ya pasó, para que ese profundo miedo que eclipsa el mañana solo quede como una pesadilla, y al abrir los ojos se puedan ver los caminos de piedras que lleven a ese lugar donde se pueda levantar un mejor destino.
Gustavo escribió esta letra buscando muy adentro de sus sentimientos, pero para quienes escuchamos esta pieza podemos sentir el climax de un orgasmo; también el susurro de voces de quienes esperan una transformación político social, como lo hicieron chilenos y argentinos bajo el contexto de las dictaduras de ese momento. La pieza te puede llevar a una ruptura, un viaje personal hacia el dolor; pero también al miedo, el corazón se puede acelerar con los efectos de un golpe natural, ese evento del cual el propio Cerati expresó cuando habló sobre esta canción: “Cuando pase el temblor fue una de las primeras canciones que salieron, sobre una idea que yo ya tenía, inspirada en paisajes que conocía de chico, del noroeste argentino… Al mismo tiempo, no hacía mucho que había ocurrido un terremoto terrible en México; me impactaba mucho esa noticia, y la relacioné con algo totalmente emocional”1.
Aunque el devastador terremoto de México ocurrido en sepiembre de 1985 no fue la fuente de inspiración directa para la composición de «Cuando pase el temblor», el propio Gustavo Cerati aclaró que la letra refería originalmente a una sacudida emocional, la dolorosa noticia del sismo impactó al músico argentino durante el proceso creativo y la relacionó mentalmente con el sentimiento de desolación que evocaba la canción. Esta coincidencia temporal y la poderosa metáfora de supervivencia en las ruinas permitieron que el público mexicano adoptara el tema no solo como un himno de resiliencia ante la catástrofe física, sino como un símbolo de esperanza colectiva para sanar las grietas del alma tras el desastre.
En lo personal, “Cuando pase el temblor” es de mis canciones favoritas de Soda Stereo, es un viaje cuyo paisaje va cambiando según el contexto, las formas y los colores de esos sonidos de sintetizadores que ascienden a las blancas montañas de los Andes, con sus piedras en los caminos, y los desiertos haciendo contraste sin necesidad de espejismos gracias a los arpegios que salen de la guitarra de Cerati, cuyo tiempo lo va marcando el bajo de Zeta Bosio. Después de tantos años escucharla, hoy me lleva a mi propia grieta, a ese miedo que late en quienes vivimos en el centro norte del país, al temor personal que va más allá de aquel terremoto, ya que la mayor pesadilla es la incertidumbre de lo que viene, de conseguir la sanación al dolor de quienes llevan la perdida en más allá del pecho.
Las réplicas seguirán moviendo la tierra, pero la verdadera reconstrucción empieza desde adentro. Cuando pase el temblor, nos tocará aprender a habitar las ruinas hasta que vuelva nacer la esperanza.
Y sí, necesito que llegue ese día en el que pueda despertar y que definitivamente pase el temblor.
EF
Para que sigas leyendo.
La versión que más disfruta esete servidor de “Cuando pase el temblor” es la que se encuentra en el disco “Ruido Blanco”, aquí pueden se encuentra el enlace por si deseas visitar y leer esta reseña. Cada visita, lectura y comentarios se agracede en este espacio.
¿Qué te parece esta canción? ¿Qué sientes cuando la escuchas? ¿Tienes otras canciones favoritas de Soda Stereo? ¿Quieres que abordemos algunas canciones de Cerati en su etapa como solista?
Gracias por adentrarte en este viaje por Soonatas.
- Cerati en primera persona de Maitena Aboitiz. ↩︎